domingo, 7 de junio de 2009

Chapter VIII: Time to change














A Iggy, por la amistad

En Wanaka los días se sucedieron entre el trabajo en la farm de Joke y buscar infructuosamente un trabajo que nunca aparecería. No es extraño que al más férreo y hermético de los tres el dueño de la farm lo tomara para la joda. Y es que existe un arquetipo de kiwi, ignorante por sobre todos sus defectos y escasas virtudes al que le molestan las personas más inteligentes, aunque al hablar de inteligencia tratandose de un kiwi sea un eufemismo. Así Joke me tomó el pelo de manera agresiva desde el primer momento y yo se lo dejé en claro cuando le hice notar de su estupidez. Soy un cabron, si, pero el es un ignorante y no hay nada que ofenda más que la verdad. El me acusaba con mentiras yo le retrucaba con verdades y mis compañeros de viajes le festejaban todas sus bromas estupidas, convirtiéndose en estupidos complices. Los días siguieron pasando y sabia que tenia que irme de ahi, pero a donde? Me sentía mal estando en un lugar donde no me podía sentir cómodo, no importaba lo que hiciera, siempre estaba mal para el fuckin´Joke. Y no es que buscara su aprobacion sino que tan solo deseaba que me dejara en paz. Si estaba en silencio, porque estaba en silencio, si me reia porque me reia, si hablaba en español porque el no podia entender y asi... Era un esfuerzo inútil levantarse por las mañanas y saludar a los presentes con un good morning! Nadie contestaba, al cabo de unos días me di cuenta que eran así tanto joke como su mujer Pam o el eterno inquilino Stuart. A los pocos días Stuart comenzó a mirarnos con malos ojos, tal vez porque nos estabamos quedando supuestamente por free acomodation, aunque nunca habíamos hablado claramente con joke y lo último que yo deseaba era escaparme en plena noche sin pagar jajaja! Entonces Stu comenzó a entrometerse en todo trabajo que realizabamos! Parecíamos niños trepando arboles, cortando pinos, acarreando y quemando ramas. Joke nos trataba de maricones porque no queríamos subirnos a un pino altisimo a cortar las ramas y aunque no habia ninguna necesidad tanto Iggy como Luis intentaban aunque sin éxito la hazaña. Cada tanto llegaban visitas y había grandes cenas a las cuales a veces éramos invitados y a veces nos escapabamos un poco con vergüenza por no saber de qué iba la cosa, si la comida estaba incluída o si al intentar irnos ibamos a tener que pagar una fortuna. Luis e Iggy eran más compinches y me empezaron a dejar de lado, en parte porque yo me refugiaba en la internet, escribiendo mails, contestando mails, buscando trabajo, actualizando el blog... Luego llegaban y me reclamaban que les pagara parte de la cena, cena de la que no había participado en la decisión ni mucho menos y comencé a molestarme con esta actuación de pseudo democracia! Hasta que se lo manifesté un día tal vez no de la mejor manera y logré imponer mi voto y desición de preparar milanesas para el almuerzo. Almuerzo al cual Iggy había invitado a Joke y Pam. Es realmente difícil tratar de decidir sobre comida cuando se trata con un chef, y no tengo nada contra la cocina sofisticada pero yo soy bastante más simple, cuando tengo hambre no pierdo tiempo en decidir qué comer y lidiar con Iggy y Luis era una pérdida de tiempo y mi paciencia se agotaba. Finalmente les hice entender que me preguntaban que preferia de compromiso y que me comenzaba a hartar de este comportamiento sugiriendoles que dejaramos de compartir los gastos por comidas que ni a uno ni a otro podían interesarnos, pero aflojaron y me dejaron seguir con mi plan de milanesas, porque en chile no comen milanesas y en mexico, ni idea. Preparé las milanesas napolitanas como me gustan a mi pero Joke y Pam se fueron para el almuerzo deshonrando mi comida, pero en vez de molestarme me alegré de no verles la cara. A veces me pregunto por qué este tipo de gente ofrece alojamiento cuando no tienen la más puta idea de hospitalidad. Y es que acá en New Zealand es un verdadero negocio poner un backpacker u ofrecer cama y comida sin siquiera saber cómo desarrolar un sentido de la hospitalidad. Pareciera que cualquier pelotudo pone un cartel que ofrece cama y comida y te tratan como el culo. Para la cena regresaron y les dijimos que había milas en el horno que podian comerlas, que los esperamos para almorzar pero nunca llegaron y seguimos con lo nuestro. A todo esto Iggy ya caminaba por las peredes cansado de no saber qué hacer y se lamentaba de no tener compu para internetear mientras Luis y yo le deciamos "aja" mientras seguíamos absorbidos por la internet. Los días siguieron pasando, Wanaka no nos daba trabajo y la plata se agotaba. Conocí a Sofi una argentina fotografa también con quien desarrollamos un proyecto para fotografia en la montaña, pero en los centros de esquí nos boludeaban todo el tiempo y nunca se concretó. Me di cuenta que ya no quería estar ahi una mañana cuando me quede trabajando solo mientras Iggy y Luis se fueron al pueblo a dar una vuelta. Regresaron cuando el trabajo estaba casi terminado, igualmente me divertí manejando un carrito llevando leña de un lado a otro. Iggy me preguntó para que llevaba la leña de un lado a otro y le contesté que para hacer que trabajaba. No me importaba ya lo que hiciéramos, al fin y al cabo Joke no tenía demasiada necesidad de darnos trabajo y se lo pasaba inventando huevadas, a lo cual solo me quedó trabajar en huevadas sin llevarle demasiado la atención. Y así pasaron los días mientras mi insatisfacción crecía, la impaciencia de Iggy también y la parsimonia de Luis, también iba en aumento. Salíamos alguna noche a jugar al poker o a dar vueltas con Sofi y Luke (el novio galés de Sofi) con quien había buena onda y nos cagábamos de risa. Pero como en todo grupo siempre hay alguien de quién rírse y ese papel me tocaba a mi, tal vez por ser el más cabrón de todos, tal vez por no poder para la cabeza y dejar de pensar que el dinero se agotaba y Wanaka no nos iba a dar trabajo y ya no queria seguir trabajando para un kiwi ignorante que en vez de ver amigos en los demás sólo podía generar enemigos o al menos - porque no es bueno crearse enemigos que no están a la altura de uno - antipatía. Decidí buscar otro rumbo y empecé a gestionar otro trabajo en otro lado, en parte ya me estaba hartando de Wanaka y su fomedad para usar un chilenismo jajaja. Conseguí trabajo y decidí irme lo más rápido posible de ahi, sin sospechar lo que me deparaba el futuro cercano... Y es que a veces uno debe apartar el camino de los amigos por ansias de libertad y de renovar el aire, porque tres es multitud y al fin y al cabo la parejita eran Iggy y Luis y yo no tenía demasiada cabida en el medio, ni tampoco la quería. Así fue como una noche recibí el mensaje salvador que me decía que me presentara el martes siguiente para trabajar en Blenheim y qué mejor que ir a lo seguro, aunque ahora se que tal vez me equivoqué al venir al pueblo más agreste de todo New Zealand... pero mis convicciones son férreas y firmes cuando me lo propongo y así comencé a preparar mi partida y ponerle fin a un viaje compartido que tuvo sus buenos momentos y sus no tan buenos, pero prefiero quedarme con lo bueno y dejar en el pasado toda la amargura...

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